Friday, April 16
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Maradona: amores y odios en la política – Olé

Maradona es peronista, aunque tal vez ésa sea una definición tan amplia y llena de contradicciones como el peronismo mismo. Entonces, quizá la mejor aproximación a un perfil político la haya hecho el propio Diego: “Los que no me quieren repiten una y mil veces que yo apoyé a todos los partidos políticos que gobernaron en la Argentina (…) Y, en realidad, al que yo apoyé SIEMPRE fue a mi país, sin importar quién gobernara. Yo no fui a golpearles la puerta, y a pedirles una foto, fueron ellos los que me invitaron”.

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Sucede que aunque Jauretche no haya sido contemporáneo para desarrollarla entre sus Zonceras, la idea de que Pelusa estuvo con todos los Gobiernos está instalada en buena parte de la sociedad. Falso. Sí es cierto que apoyó a políticos a los que luego dejó de querer y viceversa. Como cualquier ciudadano, con la diferencia de que sus posiciones llevan 40 años siendo transmitidas en prime time. Además, ¿cuál es la virtud de pensar siempre lo mismo? Su gran lealtad la subrayó él mismo: “Yo soy de la gente”.

UN PIBE CHARLANDO CON UN DICTADOR

La primera y más oscura falacia respecto al Diez: su supuesto apoyo a los militares. ¿En qué se basa? Después de la conquista del Mundial juvenil de 1979, a Maradona lo pusieron al teléfono con el dictador Jorge Videla​, a quien le dijo: “Es un orgullo que tengamos la felicitación de nuestro presidente (…)”. Pretender que un pibe de 19 años, ese contexto y con la poca información que había de lo que pasaba, hiciera algo diferente no tiene parangón. “Videla tomaba whisky con Mirtha (Legrand), no conmigo. A mí me hizo rapar el pelo y me metió en la colimba”, remarcó hace unos años.

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ALFONSIN Y EL BALCON DE LA ROSADA

Diego tocó el cielo con las manos en el Mundial de México 86. Sin embargo, en su esplendor de popularidad, nunca le apostó todas sus fichas al líder radical, aunque sí, con sus matices, lo reivindicó tras su fallecimiento: “Hizo cosas buenas y malas pero se la jugó”. Y recordó el festejo de la Copa en la Rosada: “Nos dio la posibilidad de sentirnos un poco los presidentes en ese balcón”.

Por ese entonces tambien le mostró los dientes por primera vez a la FIFA de Joao Havelange con un reclamo gremial previo al inicio de la Copa del Mundo por los horarios de los partidos y el calor. Esa fue la semilla de su posterior intento de sindicalizar a los futbolistas, reuniendo a grandes figuras y poniendo en apuros a la conducción del dirigente brasileño y su lugarteniente: el suizo Joseph Blatter

Al otro año viajó a Cuba a recibir un premio que otorgaba una agencia internacional al mejor deportista del año y conoció a Fidel Castro. Ahí también empezó su relación con el revolucionario, se enamoró de la isla y confirmó esa admiración por el Che Guevara que había empezado a gestarse en Italia (al ver su cara en las banderas durante manifestaciones obreras).

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MENEM: EL PRIMERO POR EL QUE JUGÓ FUERTE

Carlos Menem y Maradona jugando juntos en Vélez

Carlos Menem y Maradona jugando juntos en Vélez

Tal vez el vínculo que más se le achaca. “Quiero que Menem sea el mejor presidente de los argentinos”, decía Diego en 1989, al regresar al país por el nacimiento de Gianinna. Fuerte y al medio. A las pocas semanas se cruzaba al nuevo mandatario en un evento a beneficio en cancha de Vélez, donde compartieron equipo. El Turco, incluso, lo nombró Embajador deportivo antes de Italia 90. Pero la buena onda no duró…

Pelusa, al año siguiente, acusó a Duhalde de hacerle una cama por el allanamiento al depto de Caballito y estaba enojado con Menem, que pedía a Ramón Díaz para a la Selección. Criticó públicamente al mandatario y se alejó por un tiempo. Es más: apoyaba a Chacho Álvarez, quien luego sería candidato a vice en la fórmula con José Bordón (Frepaso) que iba a competir con el oficialismo en las elecciones de 1995.

Pero el hombre de las patillas lo quería de vuelta a su lado y hacía de todo por seducirlo. Finalmente, tras la sospechosa muerte del hijo del presidente, Diego se volvió a acercar y el idilio fue poderoso. Maradó contó en un programa de TV, conducido por los periodistas Daniel Hadad y Marcelo Longobardi, que lo iba a votar ese año y lo bancó durante años. Le dedicó su autobiografía (Yo soy el Diego) y escribió: “Me ayudó a cambio de nada”

“Es uno de los hombres que se jugó y me fue a visitar a Don Torcuato, donde me tenían preso (en 2001, acusado de tráfico de armas). Lo lindo del caso es que fue vestido de Bin Laden. Cuando lo vieron los policías no sabían qué hacer”, recordó Menem un tiempo después. Armando hasta se ofreció a ser su candidato a vice para las elecciones de 2003.

Diego visitando al riojano durante su prisión domiciliaria en Don Torcuato (DYN).

Diego visitando al riojano durante su prisión domiciliaria en Don Torcuato (DYN).

De ese encuentro también participó Cecilia Bolocco, en ese entonces pareja del ex presidente (DYN).

De ese encuentro también participó Cecilia Bolocco, en ese entonces pareja del ex presidente (DYN).

DE LA RUA, LA CRISIS Y LA ANCHOA

La vez que Diego visitó a Chupete a fines del 2000 (DYN).

La vez que Diego visitó a Chupete a fines del 2000 (DYN).

“Entre Duhalde y De la Rúa, sabe todo el mundo con quién me quedo”, afirmó el Diez antes de los comicios de 1999. Chupete no era de su palo pero su odio al Cabezón pesaba más. Sin embargo, y a pesar de una visita a Olivos en el 2000, no tardó en soltarle la mano.

Primero con una fuerte crítica al Gobierno por la renuncia de Chacho Álvarez. “Son poco serios, se van cuando quieren, se creen que es un picadito”, soltó Diego y, ya desde La Habana en julio de 2001 (antes del estallido), volvió a sacudir: “Al presi le pediría que se despierte. La gente lo necesita, yo sé que es capaz, pero la siesta terminó”. Bueno, De la Rúa nunca se despertó y la historia es conocida.

Tras la crisis asumió Duhalde, a quien le había dedicado una de sus frases inolvidables: “Si me lo cruzo en el desierto, le tiro una anchoa”.

NESTOR, CHAVEZ Y LA PATRIA GRANDE

Lo visitó en la Rosada en 2004, pero fue en 2005 cuando comenzó a forjar una historia en común con Kirchner, jugando juntos en un histórica disputa para la región: el “No al ALCA” en las Cumbres de las América en Mar del Plata. Diego ya llevaba al Che tatuado en el brazo derecho, a Fidel en su pierna zurda e integraba el Tren del Alba que viajaba a La Feliz para rechazar el acuerdo y la presencia de George Bush hijo, a quien había catalogado de “asesino” por la guerra de Irak. Maradó se involucró al máximo y hasta, haciéndole caso a su amigo Castro, se mantuvo cerca de Hugo Chávez en el acto en el Minella.

Junto a Chávez en la Cumbre de los Pueblos (EFE).

Junto a Chávez en la Cumbre de los Pueblos (EFE).

Así también, con el entonces mandatario venezolano forjó una estrecha relación, que con el tiempo heredó Nicolás Maduro, por el que hoy en día sigue poniendo el cuerpo, soportando incluso duras críticas internacionales. “Al que de verdad quiere es Maduro. Si a las 6.00 de la mañana le dice que vaya a verlo, él va”, contó Matías Morla, su abogado, hace un tiempo.

Desde ese momento, además, hubo buena sintonía con el Pingüino. Su muerte en 2010 conmovió a Maradona y afianzó el vínculo con Cristina, con quien se mostró en el velorio de Néstor: Argentina perdió a un gladiador. A un hombre que se la jugó siempre y nos sacó del pozo. Tenía muchas cosas del Che”.

“CRISTINISTA HASTA LOS HUEVOS”​

Diego Maradona junto a Cristina Fernández de Kirchner.

Diego Maradona junto a Cristina Fernández de Kirchner.

Su apoyo a CFK se volvió incondicional con los años, incluso muy por encima del que supo ofrecerle a Menem. Pero hubo años en los que no había tal cercanía y, en pleno conflicto con el campo en 2009, Pelusa tiró: “Voté a Cristina y me pareció que se estaban haciendo las cosas al revés. Cobos nos enseñó ser argentinos”. Un pasado pisado. Con Diego como técnico de la Selección hubo una enorme sintonía y la ex presidenta hasta ofreció la Rosada como bienvenida tras la eliminación del Mundial de Sudáfrica. Y, en el fallecimiento de Néstor, el Diez acompañó, consoló a la entonces mandataria y desde entonces la devoción no paró de crecer.

“Los que la critican son los que nacieron en cuna de oro y no saben armar un guiso”, sentenciaba el Diez ya en 2013, cuando se encontraron en territorio árabe, durante una gira de la actual vice. 

El encuentro en Emiratos en 2013 (DYN).

El encuentro en Emiratos en 2013 (DYN).

Hoy continúa al pie del cañón y ese apoyo lo hizo extensivo a Alberto Fernández y su gobierno. Volvió al balcón de la Casa de Gobierno, ya como DT de Gimnasia, y pegó buenísima onda con el ministro de Economía Martín Guzmán, hincha del Lobo.

MACRI, SU ENEMIGO “CARTONERO”

Maradona y Macri, una relación turbulenta.

Maradona y Macri, una relación turbulenta.

Macri le entregó una plaqueta al Diez en su partido despedida (DYN).

Macri le entregó una plaqueta al Diez en su partido despedida (DYN).

Ni a Duhalde, Bush o la FIFA se llevaron tantos bombazos de Maradona como Mauricio Macri. Una disputa que data desde Boca en 1997, cuando lo catalogó de “cartonero Báez”, y que se agigantó cuando el líder del PRO ganó las elecciones en 2015. En ese entonces, masticando bronca y mostrando un profundo lado democrático llamó a apoyarlo, incluso aclarando que no le gustaba. Pero no tardó en volverse un férreo opositor.

“No sabe leer y es presidente”, dijo Pelusa en 2016. También lo acusó de “dictador”, de corrupción y hasta renunció a la FIFA cuando Gianni Infantino le dio a Macri el cargo de presidente ejecutivo de la Fundación. 

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Todavía se sacan chispas y seguramente habrá más capítulos.

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LAS IMPRESCINDIBLES DEL DIEZ

Sería imposible repasar todas las historias de Maradona con grandes personajes políticos de la historia. Matías Morla, su abogado, contó algunas imperdibles hace un par de años, pero en Olé no podíamos olvidarnos de la que repasó Coppola hace algunos meses con Fidel: “Me habían llenado de muestras de viagra pero Diego no quería saber nada. Me fui a Cuba con la valija llena. Salíamos con Diego a caminar y las regalábamos. Hasta que se entera el Comandante. ‘¿Qué están regalando?’, se preguntó. Entonces intercambiamos habanos por pastillas”.​​

Idealista, contradictorio y argentino. Como cualquiera. Pero el mejor

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